Cuatro días en El Camino; de Vega de Valcarce a Portomarín

Camino hacia O Cebreiro
Por las calles de O Cebreiro
Estrenando el día
Próximos a Triacastela
Curvas
Variedad de paisaje
A 100 (kilómetros) para Santiago
Portomarín

Una idea rápida, aprovechado el pronóstico de cuatro días sin lluvias, y resolviendo la logística (alimentación y dormida) al paso.

Cuatro días viajando ligeros, sin apenas equipaje, disfrutando de esta incipiente primavera que ha vuelto a traer los colores a un paisaje tan especial y pintoresco como es el gallego.

Poco texto y muchas fotos, las imprescindibles para traernos como recuerdos aquellos rincones por los que miles de personas pasan cada año buscando su camino y por donde nosotros pasamos por primera vez (haciendo El Camino) hace la friolera de 34 añitos.


16 de marzo de 2026

De Vega de Valcarce a O Cebreiro

Podríamos haber prescindido de nuestro coche y haber utilizado el trasporte publico. Posiblemente la inercia nos llevo a bajarnos hasta el garaje, arrancar y partir hasta Ponferrada donde nos acercamos hasta la estación de autocares para tomar el bus hasta Vega de Valcarce.

El mediodía no parecía una hora muy apropiada para iniciar ruta, pero era lo que había.

Sobre la ruta; desde la salida de Vega de Valcarce la carretera nos introduce por valles que corren entre altas montañas de perfil redondeado.

Poco después de Hospital, la carretera da paso a una pista que asciende con decisión entre un bosque misto en busca de las alturas.

A partir de ese punto volamos sobre los valles en busca de O Cebreiro. 

El track de la ruta en Wikiloc

Estación de autocares de Ponferrada.
En las inmediaciones existe un gran aparcamiento donde dejamos nuestro coche.
En el micrubus que nos lleva desde Ponferrada a Vega de Valcace.
La línea con los habituales que bajan hasta Ponferrada para comprar y que el conductor para en la puerta de sus casa (sería una descortesía no hacerlo).
La salida, desde Vega de Valcarce (a las dos de la tarde).
Con un inicio de camino paralelo a la carretera, donde los coches (pocos) no llegan a molestar.
En las proximidades de Ruitelán.
El valle empieza a estrecharse y al fondo podemos ver los viaductos de Ruitelán.
Vamos remontando el río Valcarce, que nace en las proximidades del Puerto de Piedrafita con el nombre de Arroyo de Llamas e ira a aumentar las aguas del río Burbia que más tarde será Sil.
Valle próximo a Ruitelán.
Entrando en Ruitelán.
Algunos desde la ventana de su casa ven un valle, otros una montaña, los vecinos de Ruitelán ven los viaductos de la Nacional VI.
Herrerías.
En Ruteilán El Camino toma orientación oeste para ir librando la sierra de O Chao da Serra.
San Julián y Herrerías se reparten la cabecera del valle.
Es en Herrerías donde buscamos una sombra para comernos el bocata y acumular energía para lo que queda hasta el alto de O Cebreiro.



Viviendas dispersas, formando pequeños núcleos de población, como Hospital que es posible que ejerciera como tal para aquellos peregrinos que vinieran tocados antes de afrontar el reto de O Cebreiro.
Comenzando la subida.
Los árboles sin hoja trasmiten tristeza.
Abandonamos la carretera por un camino muy acondicionado.

Prímulas, las que anuncian la primavera.
Estamos en León, pero bien que podríamos estar en una "fraga gallega", esos bosques espesos, con gran variedad de especies arbóreas, que mantienen su esencia de bosques mágicos y que permiten que disfrutemos en su interior de la belleza de la naturaleza un tanto salvaje.
Un camino que sube con ganas, con muchas ganas.
La Faba, colgado a medio camino entre el valle y el puerto.
Vista atrás.
Iglesia de San Andrés.
Monumento al peregrino.

La Faba.
Si estuviéramos en Asturias sería caleya, en Galicia sería corredoira, pero en León .....
El Camino asciende y los valles se hunden.

Posiblemente las alturas de la Sierra del Courel.
Al frente la población de La Laguna y a la izquierda, sin llegar a verse, O Cebreiro.
De nuevo vista atrás; las cimas de los Montes de León con nieve en sus alturas.

La Laguna, si en su tiempo tuvo laguna hoy esta desecada.
Con techumbre de centeno, típica de los Ancares.


Salir a mediodía tiene como recompensa que verás como la luz del sol va perdiendo fuerza, a la vez que las sombras extienden su manto.


El mojón que nos indica que entramos en Galicia.
Un bosque de abetos.



O Cebreiro, la meta de hoy y el punto donde El Camino se lanza a tumba abierta hacia Santiago.

O Cebreiro

O Cebreiro es una especie de fósil.

Aunque exista vida en su interior que ríe, come y se mueve, su exterior se nos muestra como una estampa de la aldea de Astérix, anclada al pasado, aferrada a un medio hostil (a una altura de 1.330 metros), con sus casas de piedra gris tapizadas de líquenes y sus peculiares pallozas de cubierta de centeno, mas propias de Ancares que de estas montañas.

O Cebreiro nos recibe con una luz tenue, como queriendo decir que la jornada esta acabada y solo queda tiempo para descansar.   

Campanario iglesia de Santa María.
Sin un estilo definido a causa de todos aquellos añadidos que se han ido sumando desde aquel lejano siglo IX cuando se colocaron sus primeras piedras.
Interior sencillo, la iglesia de Santa María de O Cebreiro guarda en una de sus capillas el Grial, ese grial que se encuentra en cada uno de nosotros esperando a que lo descubramos.  
En la capilla de la derecha, sin ningún tipo de protección.


Cáliz y patena con la que produjo el milagro de O Cebreiro.
Era un crudo día de invierno, de esos que el frío te hielan la cara y cuelga carámbanos en la barba, que un monje de poca fe celebraba el oficio para un único feligrés; Juan Santí, un campesino venido con gran esfuerzo de la aldea de Barjamayor.
El monje para sus adentros sentía la inutilidad de aquella devoción convertida en rutina, cuando en el momento de la Consagración la Hostia se convierte en carne y el vino del cáliz en sangre.
Restos que se guardan en los relicarios cedidos por los Reyes Católicos que pasaron en peregrinación por esta iglesia.
Iglesia de Santa María


Paja de centeno.



Sin problemas para hacer las fotos, las calles de O Cebreiro aparecen desiertas. Solo la colada recién colgada da muestra que hay vida en su interior.
Última hora, antes de la cena, cuando el sol busca cobijo tras los montes.











17 de marzo de 2026

De O Cebreiro a Triacastela

Con una luz recién estrenada y con la tranquilidad que produce el tener todo un día por delante, sin meta remunerada, y nadie que te espere al final de El Camino.

Ayer buscábamos las alturas, hoy partimos de lo más alto.

El Camino va descendiendo (solo una pequeña tachuela -Alto do Poio- interrumpe este descenso), pero lo hace como las águilas, planeando sobre los valles y buscando los collados que permita sobrevolar nuevos valles, hasta llegar a Triacastela. 



Un último vistazo a la iglesia de Santa María.
Las calles de O Cebreiro están tan desiertas como la tarde de ayer.
Esperando la llegada de las hordas de Semana Santa.
Las pallozas de O Cebreiro.
Un balcón a los valles.



Los primeros kilómetros en continuo sube y baja.
Liñares.
Parroquia de Liñares.
Iglesia de Santo Estevo.

Alto de San Roque (1.279 metros)
Viento y frío mañanero.
Escultura de Roque.
El monte se recupera del invierno, aún los ocres ganan por goleada a los verdes que veremos como refulgen en el fondo de los valles.

Hospital, los nombres se repiten.
Parroquia de Padornelo.
Iglesia de San Xoán.
Curioso el arco de descarga en la puerta de acceso.
Vamos descendiendo, el verde comienza a imponerse.



Una nueva iglesia, con diferente diseño, pero idéntico material.
Al frente el resalte para acceder al Alto do Poio.
El café en el Alto do Poio.
Alto do Poio, un paraje sin pena ni gloria.

El Camino discurre paralelo a la carretera, por momentos elegimos la carretera.
Parroquia de Fonfría, iglesia de San Xoán.
Atención cruce de peregrinos.

Acebos.
Entrando en O Biduedo.
Capela de San Pedro.
El mejor tramo de esta etapa.
El camino desciende por la ladera con el valle a nuestra derecha.




Fillobal.

Hórreo con cubierta de centeno, al estilo de las construcciones de Ancares.

El camino se precipita en busca del valle.
Serra do Oribio.
Pasantes.
Capilla de Pasantes.

Triacastela en el fondo del valle.
Ramil, la última aldea antes de entrar en Triacastela.
Que nos sorprende por sus casas y por un inmenso ejemplar de castaño en su centro.
Triacastela, tres castillos, los que debió de haber en este valle.
Hoy no queda rastro de ninguno de los tres, posiblemente sus piedras formen parte de las fachadas de las casas de Triacastela. 
Las Estrellas del Camino.
Iglesia parroquial Santiago de Triacastela.
Momento relax.




18 de marzo de 2026

De Triacastela a Sarria

El cielo amaneció con una cubierta de nubes que hará que el paisaje gallego se torne más melancólico.

Una etapa con un desarrollo muy montaraz, por valles, ascendiendo suaves colinas y pensando que en cualquier momento podríamos encontrarnos con Frodo Bolsón y Aragorn.

Distancia moderada (algo más de 18 kilómetros), poco desnivel de subida (312 metros) lo que te permite caminar despreocupado, sabiendo que llegarás a tu destino y pararte a hacer fotos, muchas fotos.



Iglesia parroquial Santiago de Triacastela.
Allá por el siglo IX sería románica, pero las reformas del siglo XVII le darán una línea barroca.
 La torre y la fachada, como los tres castillos que aluden al topónimo de la localidad.
Triacastela, dos calles muy largas.

BUEN CAMINO.
Bifurcacion, dos opciones.
Tomamos la de la derecha (por Xan Xil) la más corta.
La otra la tomamos en su momento, cuando pasamos por aquí en bici.

Triacastela, tres castillos y tres valles.
Dejamos el valle donde se asienta Triacastela y vamos por el que hay hacia el oeste (ahora siempre al oeste).



Guapo, esto es muy guapo.
Vista atrás.
Por donde corren las aguas del Rego da Balsa.
A Ferreira.
Albergue El Beso.
La casas se van sucediendo, saltando de una aldea a otra.

Vista atrás.

A Balsa.

Capela de San Antonio.
Interior, muy descuidada.
El Camino va subiendo, tranquilamente.
Por un paraje que bien podría ser la Tierra Media.

Buenos ejemplares de castaños.
Nos sobrepasa un peregrino colombiano (afincado en Madrid) gran conocedor de El Camino.

Sanxil.
Coincidimos con otros peregrinos.
El valle se abre, vistas más amplias.
El verde refulge.
El camino se funde con la carretera.

Sobrevolando valles.


Cuánto queda???
Esto es muy bonito y muy variado.

Una corredoira.


Iglesia de Santa María de Montán.
Santa María de Montán
Montán.

Montán.
Una puerta abierta nos invita a entrar.
Terra da Luz.
Un pequeño universo un tanto hippie
La que en otro tiempo fue la herrería del pueblo hoy es la casa de un australiano que brinda un lugar para el descanso y la meditación.


A pocos pasos, El Laberinto de Samos.
Un laberinto de 2.000 piedras de cuarzo (construido por Simon Keenan, el australiano afincado en Terra da Luz).

Las típicas casas del entorno rural lucense (con su depósito de agua en altura).
Y más y más corredoiras.
Entre suaves colinas tapizadas de praderas, donde el ganado pace con la tranquilidad que le confiere este paraje tan acogedor.




La piedra, el granito como elemento de construcción.



Furela.
Capela de San Roque.

Un nerviosismo se apodera de nosotros, presentimos la proximidad de Sarria.
El paso se acelera, más cuando el camino comienza a descender.

Pintín.
Camelia roja, representa la pasión, el deseo y la esperanza.
Veremos muchas camelias durante estos días (sobre todo rojas).

Capela de Nosa Señora da Ascensión.
Nuevo encuentro con peregrinos.


Ya vemos Sarria.


Haciendo amigos.

Sarria.
El pueblo de nuestro amigo Jaime. Muchas noches nos acercamos desde Lugo hasta Sarria para cenar en alguna de sus tascas.
Hoy Sarria es una ciudad diferente, nueva, irreconocible y un tanto fea.
Las Estrellas del Camino.
Rio Sarria.
Escultura del Peregrino.


19 de marzo de 2026

De Sarria a Portomarín

Última jornada para nosotros en El Camino.

La más tumultuosa en cuanto a peregrinos de estos cuatro días.

Sarria se perfila como un buen punto de inicio de El Camino, al encontrarse a una distancia de algo más de 100 kilómetros, lo necesario para que te den La Compostela y no destroces pies, cadera y bolsillo.

A esta altura El Camino ha dejado atrás la montaña y corre entre verdes praderas hacia El Miño, el río que al convertirse en embalse partió El Camino en dos y obligo a trasladar el pueblo de Portomarín a las alturas.

La consecuencia; que nada está donde estaba y Portomarín resulta un pueblo con un urbanismo (proyectado con escuadra y cartabón) inusual en Galicia y una iglesia con una orientación distinta a la original (aún así super elegante e interesante).


Saliendo de Sarria en busca de El Camino.
En O Cebreiro y en Triacastela era salir y estar en la naturaleza. En Sarria es como salir de casa para ir a la compra.
Sarria va quedando atrás.
Es preciso cruzar el río Pequeno, un afluente del Sarria (que cruzamos ayer al entrar en Sarria).


Bifurcación, el nuestro a la izquierda.

Nuevo arroyo.
Y una potente cuesta para despejar la modorra de la noche.
Soberbio ejemplar de castaño.
Pasillo de castaños.
Peregrinos, la mayor parte repite El Camino.

Al fondo cientos, miles de jóvenes con los que compartiremos jornada.


El cereal mucho más crecido que en Castilla.


Losas de gran tamaño.

Peruscallo.

Las máquinas vending se apoderan de El Camino, cualquier cuadra es válida para poner una par de expendedoras.


Lavandeira, con otro buen ejemplar de castaño.


Corredoira.


Capela de Santa Marína, Morgade.


Iglesia de Santa María de Ferreiros.
De su primitiva obra románica tan sólo conserva la portada principal. El resto fue modificada. Una sola nave y ábside recto. 
La puerta está formada por tres arquivoltas de medio punto decorados algunos con el típico ajedrezado jaqués.
Corona la fachada, una espadaña barroca.
El tímpano es bilobulado, apeado sobre dos mochetas con cabeza de león. Las arquivoltas descansan sobre columnas con capiteles de ornamentación vegetal, rostros humanos y animales fantásticos.
Detalle de las mochetas con cabeza de león.
Kilómetro 100, es decir 100 kilómetros para llegar a Santiago.
Cierres de finca de piedra.
Con las losas verticales nos recuerdan a los de los Arribes de Zamora.

Cualquier vieja casa tiene un gran trabajo.
Fíjate en la puerta; un impresionante dintel de piedra, sujetado por mochetas y grandes losas. 
Marcadoiro.
Ya quiere verse el valle donde se asienta Portimarín.
Vilachá.

El Camino se bifurca, de las dos opciones tomamos la de la izquierda que nos mete por una abrupta corredoira.
El Miño y Portomarín.
Campana de la Libertad o Liberty Bell.
Dicen que es la campana más sonada de El Camino (menuda turra para los vecinos de Portomarín).
Representa la libertad de movimiento y el espíritu del viajero, pero lo que muchos viajeros no saben es que tañer dicha campana les obliga a ir hasta Fuciño do Porco (O Vicedo) a visitarlo y ver otra campana gemela a esta (que los de casa ya hemos visto).
Río Miño.

Río Miño.
Portomarín

Portomarín, punto importante en El Camino de Santiago desde que Pedro Peregrino (Pedro Deustamben (s. XII), un influyente maestro franco o "viator" (caminante) citado en el Codex Calixtinus  por impulso para la construcción de infraestructuras para peregrinos) construyera en el 1.120 un puente sobre el Miño de 150 metros de largo y un hospital junto a este.
Portomarín fue antiguo fue feudo de la orden militar de San Juan de Jerusalén.
A mediados del siglo XX se construye el embalse de Belesar que deja sumergida la vieja villa de Portomarín.
El nuevo Portomarín será inagurado en 1.966.
Su iglesia fue trasladada piedra a piedra.
Calles rectas, no propias del urbanismo gallego.
Al fondo de la calle principal la plaza Conde Fenosa con la iglesia de San Xoán/San Nicolás.
El peregrino Konico llegando.
Iglesia de San Xoán/San Nicolás.
Románica de una sola planta, ábside alargado y tres portadas.
La principal con escalinatas de acceso.
La iglesia fue planteada como una auténtica fortaleza y así se nos muestra cuando la observamos desde la lejanía. 

Portada principal.
La portada principal u occidental se abre bajo un gran arco de descarga que refuerza el aire de austeridad guerrera del conjunto.
Tres pares de columnas con capiteles fitomórficos sostienen tres arquivoltas talladas: una baquetonada, otra con arcos lobulados y la tercera con rosas bajo las cuales se encuentras los ancianos del Apocalipsis tañendo instrumentos.
Bajo las arquivoltas un tímpano liso en cuyo centro se encuentra un Pantocrator envuelto en su almendra.
Todo el conjunto bajo un quitalluvias.
Bajo el tímpano.

Portada sur

Se repite la estructura, tres arquivoltas y tres pares de columnas.
En el tímpano se muestra a tres figuras, una central mitrada, se entiende San Nicolás, el santo titular de la iglesia.
San Nicolás está flanqueada por dos acólitos: uno )a la izquierda) sosteniendo un báculo y otro con un libro abierto.
El tímpano se apoya en dos mochetas donde se representan leones, uno de ellos (derecha) devorando a un hombre, lo que simboliza el ciclo de la muerte y la resurrección.
Con el gran angular.

Portada septentrional

Idéntica estructura que las otras dos portadas, tres arquivoltas y tres pares de columnas.
Arquivoltas muy trabajadas, sobre todo la exterior con una secuencia de lóbulos grandes y pequeños, al igual que los capiteles que lucen un hermoso bestiario y un despejado tímpano en el que se representa la Anunciación.


En el tímpano una escena de la Anunciación, en la que San Gabriel, con las alas desplegadas se adapta perfectamente al marco existente y se dirige a la Virgen María, que recibe el mensaje abriendo sus palmas en señal de aceptación.
Entre ambas figuras, un pequeño arbolito que podría simbolizar la Trinidad y la doble naturaleza de Cristo.

Interior

La nave queda dividida en cinco tramos mediante arcos fajones algo apuntados.

Sorprende la amplitud del espacio, en gran medida producto de la gran cantidad de luz aportada por los dos rosetones.



Cabecera

Consta de un tramo recto cubierto con bóveda de cañón y otro en semitambor con bóveda de cascarón.

A destacar una característica propia de las iglesias románicas gallegas; el menor tamaño de la cabecera respecto de la nave, lo que permite la colocación de un rosetón (el segundo rosetón que mete tanta luz al interior).




Portomarín.

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