Cullera, septiembre 2024

L'Esquellot y Penyal de Ferragut desde Xeraco

Las playas de Xeraco desde el alto donde se encuentra L'Esquellot 

12 de septiembre de 2024

Cuántas veces has estirado el cuello, en una cima de la Cordillera, en un intento de ver algo, cuando alguien te ha dicho que desde allí se ve el mar??????

Pues desde estas cimas el mar se ve bien, pero que muy bien.

Los montañeros (entendiendo como tal las personas que asciende montañas) valencianos no pueden ser igual que los de montañeros castellanos-leoneses.

Por el clima, por el tipo de paisaje, porque desde muchas de sus cimas se puede ver un estupendo mar y porque en las montañas de Valencia, cuando desciendes de una cima, si quieres, puedes comerte una naranja.

Verde y un poco amarga, como la que he comido esta tarde al descenso de la cima del Penyal de Ferragut y de L'Esquellot, la campana que ondea en las proximidades de esa cima, que he tañido largamente con gusto.


El Penyal de Ferragut, una cima que no llega a los 400 metros de altura (373 metros), en las proximidades de la población de Xeraco.
Rodeado en gran parte por cultivos de naranjos.
Hoy verdes y pequeñas.
Al poco de comenzar el ascenso, se tienen unas vistas increíbles de la costa.
Mirando hacia Cullera, con la Muntanya de Cullera guardando sus espaldas de los vientos del norte.
Con algo de zoom, la estación meteorológica de su cima, el Santuario de la Virgen del Castillo y el Vía Crucis que asciende desde el pueblo. 
Por un sendero bien marcado entre pinares.
Sobre ese penyal se encuentra el Esquellot.
Se ve el mar, pero bien, bien.
El camino sale del pinar y nos deja unas vistas hacia las principales cimas del Massís del Mondúver.
Es agradable y bonito este paisaje. 
Pequeñas cimas tapizadas de arboledas y en los valles cultivos de cítricos.
Y la costa que apenas deja un hueco sin construir.
Ya más próximo el Penyal de Ferragut.
Y de nuevo el Mondúver.

Caliza rosácea, más a estas horas, cuando el sol golpea con sus rayos más horizontales.
La meseta que hay en las proximidades de la cima.
En la cima del Penyal de Ferragut.
Esta cima ha perdido protagonismo hacia L'Esquellot y en su punto más alto no hay ni una cruz, ni siquiera una torrecilla de piedras.
Massís del Mondúver.
El mar.
L'Esquellot.
Mejor posicionado en cuanto a vistas que la cima del Penyal de Ferragut, desde este punto se ve al fondo la cima del Montgó (que pudimos subir las navidades pasadas ver reportaje).
L'Esquellot es un campano con una cadena amarrada a su badajo, que te invita a darle a placer (pienso que me escucharon hasta los de Denia). 
Hacia la bahía de Cullera.
L'Esquellot y el Mondúver.
El descenso por otro camino, a media ladera por el Barranc dels Morts.
Barranc dels Morts.

Vista atrás, hacia la cima del Penyal de Ferragut.


Cerrando el círculo, de nuevo entre campos de naranjos.

Mondúver y Penyalba en circular desde Font Nova

La cima del Mondúver
Penyalba

16 de septiembre de 2024

Acaso el vagabundeo no se justifica por sí mismo?

Una buena madrugada me ha llevado hasta las casas de la urbanización de les Foietes, donde se encuentra Font Nova y donde sus vecinos han desaparecido con las primeras bajadas de temperatura.

En el Massís del Mondúver, hacia las cimas que descubrí hace unos días desde el Penyal del Ferragut.

Tierra de pinares junto al mar (la cima del Mondúver esta a 8 kilómetros del mar), lo que le brinda humedad en forma de nieblas que hará que dé mis primeros pasos con la incertidumbre de si podré disfrutar de vistas sobre la cima.

Pero la niebla se disipa, una sonrisa se dibuja en mi cara y una fuerza interior me lanza hacia la cima del Mondúver, por un paraje que por efecto de los primeros rayos parece nuevo, recién estrenado.

Poco tiempo permanezco en su cima, que se encuentra repleta de casetas y antenas de telefonía, aparte de que quiero comenzar con la larga arista que une el Mondúver con el Penyalba, donde un pequeño sendero buscando los mejores pasos se acerca hasta el Forat de la Drova (un agujero natural de grandes proporciones que te permite asomarte al Valle de la Drova) a medio camino del Penyalba.

El Penyalba resulto una cima más montañera; por el ascenso de su pirámide cimera que requirió una pequeña trepada (la del Mondúver fue por carretera), por sus amplias vistas hacia el Valle de la Drova, a la Sierra de la Murta, al Valle de la Valldigna y al Golfo de Valencia, por su buzón de cumbre y por la soledad que lo invade todo y se introduce por mis poros, me achica y hace que me quite unas cuantas capas de barniz y vuelva a ser más espontáneo. 


En lo más alto de la urbanización de les Foietes encontramos una gran explanada donde dejar el coche. 
Font Nova.
La sierra intenta desprenderse de la niebla.
Hacia la Sierra de la Murta.

Amanece que no es poco.
Mondúver.

Entre pinares.

La línea de montaña hacia el Penyalba.

El super-vértice del Mondúver.
Un tropel de montañas que desconozco.
El Valle de la Drova y la arista que une el Mondúver con el Penyalba.
Comienzo de la arista, entre palmitos.
Valle de la Drova.
Vista atrás, al Mondúver le cuesta desprenderse de la niebla.
El sendero busca el mejor camino y no siempre lo hace por la arista (ya que en algunos tramos está quebrada y resulta pesado).
Forat de la Drova.
Un bujero que si te asomas te da unas vistas hacia el la población de la Drova.
Una foto para el recuerdo.
Vista atrás, el Mondúver.
Hacia adelante, lo que resta de arista hasta el Penyalba.
Valle de la Drova.
La pirámide cimera del Penyalba, donde se hace necesario alguna pequeña trepada, nos muestra el por qué de su nombre.
Vista desde la cima del Penyalba, con la Sierra de la Murta, el mar y el Valle de la Valldigna.
Cima del Penyalba.
El Valle de la Drova
Se ve el Faro de Cullera.
El bonito buzón de cima del Penyalba..
Descendiendo.


Castell de Marinyén o Castell de la Reina Mora

 
Ruinas de la capilla del Castell de Marinyén

22 de septiembre de 2024





Cuando aparcamos, la niebla aún envuelve el penyal donde se asientan las ruinas del Castell de Mariyén.

Mientras nos preparamos, la quietud  que hasta ese momento invade la zona, es rota por un tenue grito, como el llanto de un niño que es arrastrado por el viento.

Miramos hacia el penyal, hacia las ruinas del Castell de la Reina Mora, sabedores que ese llanto, es el llanto del bebe de la reina musulmana que habitaba el castillo y que al no poder evitar el asedio inminente de las tropas cristianas, encabezadas por Jaume II, se arrojó al precipicio con su bebé.

El mismo bebé que desde entonces, llora cada noche desde las ruinas del castillo.


El Castell de Marinyent o Castel de la Reina Mora, es una antigua fortificación musulmana situado en un penyal (peñon), entre los barrancos del Raboser y del Castillo, que se asoma agresivamente al Valle de la Valldigna, dentro del municipio de Benifairó de la Valldigna.

Construido a finales del siglo XI, sus ruinas se encuentran protegidas como bien de interés cultural.

Nada está muerto si deja un buen recuerdo y las ruinas del Castell de Marinyén lo dejan al igual que el pequeño ascenso que realizamos, con una atmósfera densa, tan densa que parece acabada de salir por la boca del diablo y que nos hace sudar en cantidad.

Entre sus ruinas, un silencio que hiere los oídos y un estrecho sendero que nos lleva hasta el muro oeste, el punto desde donde la Reina Mora se precipito con su hijo.



Un sendero que asciende sin miramientos desde el inicio.
Con unas increíbles vistas hacia el Valle de Valldigna (valle digno).

La ruta nos deja unas vistas impresionantes durante todo el recorrido. 
Desde que empieza la subida disfrutamos de panorámicas de todo el valle de la Valldigna.
El castillo comenzaría con las primeras construcciones musulmanas a finales del s. XI.
Los restos del castillo pertenecen a dos épocas distintas. La primera realizada en época musulmana y la segunda, en época cristiana, bajo el dominio de los monjes cistercienses.




En el extremo meridional del penyal encontramos una pequeña capilla con arcos góticos. A su vez se encuentra ubicada sobre una cámara.

 Por la grieta del suelo puede verse la cámara sobre la cual se levanta la capilla.
Detalle de la cabecera de la capilla.

 Con una situación privilegiada, que lo hacía inaccesible ante los ataques de las tropas enemigas.
El muro desde donde se precipitaría la Reina Mora.

Valle de la Valldigna.
Un café en una de las terrazas de Simat de la Valldigna.

Real Monasterio de Santa María de la Valldigna

 
Real Monasterio de Santa María de la Valldigna

A la vuelta de una campaña militar al sur del reino, Jaime II de Aragón caminaba junto al abab del Monasterio de Santes Creus (Tarragona) por un valle (al suroeste de Valencia) todo él rodeado de montañas y por donde corren las aguas del río Vacas. Impresionado por la fertilidad y la belleza del valle, Jaime II le comentó al abad:

-"Quina vall més digna per a un monestir de la nostra religió" (Qué valle más digno para un monasterio de nuestra religión).

A lo que e abad le respondió:

-"Vall digna senyor, vall digna" (Valle digno, señor, valle digno).

Ese lugar, que tomará el nombre de Valle de la Valldigna, se levantará el Real Monasterio de Santa María de la Valldigna.

Lo propio, estando por la zona, era acercarse a tomar un café hasta Simat de la Valldigna, en espera de la hora de la visita guiada (gratuita) que la Generalitat Valenciana pone para la promoción del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna.

Simat de la Valldigna.

Real Monasterio de Santa María de la Valldigna.
Portal Nou.
Es la entrada principal al recinto amurallado del monasterio.
Fue fundado por Jaime II de Aragón el 15 de marzo de 1298.
El 15 de marzo de 1298 el rey promulgó la orden por la cual se concedía al abad del Monasterio de Santes Creus (Tarragona) la autorización para que, junto a doce monjes, levantara un nuevo monasterio cisterciense en medio de un valle, de población musulmana, que recibirá desde ese momento el nombre de Valldigna.

Durante el siglo XIV, se levanta el monasterio siguiendo los cánones  del gótico cisterciense. Un conjunto articulado alrededor de un ancho claustro, que tendrá una vida efímera, ya que una gran parte se destruiría como consecuencia del gran terremoto de 1396. Volverá a reconstruirse y tres siglos más tarde un nuevo movimiento sísmico lo volverá a tumbar. Nuevamente se levantará, pero en esta ocasión con una estética barroca (que vemos especialmente en su iglesia).

En 1835, la desamortización de Mendizábal supuso la disolución de la comunidad monástica y la venta de todos los bienes del monasterio.

El saqueo y el expolio dejan al monasterio irreconocible y por último, se produce la venta de este a un particular que trasforma el espacio monacal en una explotación agrícola.

Después de varias campañas de sensibilización, en 1991 es adquirido por el Govierno de Valencia, procediendo a su restauración y recuperación de las distintas partes del monasterio que habían sido saqueadas y reutilizadas en otros espacios.
Fuente de los tritones.
Se construyó en el año 1740, en piedra de mármol gris y rosa, formada por una taza donde vierten cuatro caños en forma de mascarones y un surtidor decorado en su base con otras tantas cabezas de monstruos marinos y delfines, de los cuales recibe el nombre. 
Iglesia de Santa María de la Valldigna.
Planta de cruz latina con atrio, seis capillas laterales, crucero o transepto y presbiterio, donde se situaba el coro. Al fondo, la torre del campanario.
Es el edificio mejor conservado de todo el conjunto.
Una sola nave, muy sobria que contrasta con bóveda de medio punto profusamente decorada.

Destaca la decoración de las cubiertas del templo.
En el tiempo que el monasterio fue explotación agrícola, la iglesia era el lugar donde guardaban el abono.
Dependencias de los monjes.
Claustro y la iglesia.
Refectorio, siglo XV.
En el costado sur del claustro. Se accede mediante una puerta de arco apuntado.
Bóveda reconstruida, que fue en su momento de crucería.
Claustro del Silencio, siglo XIV - XV.

Sala Capitular, siglo XV.
Planta cuadrada con bóveda de crucería.
Palacio del Abad, siglo XIV.
La iglesia desde las ruinas del Palacio del Abad.
Palacio del Abad.
Se atribuye su construcción al abad Arnau d´Aranyó en la segunda mitad del siglo XIV.
Claustro del Palacio del Abad.
Torre del campanario de la Iglesia de Santa María de la Valldigna.
Concentración de motos en Simat de la Valldigna.

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