15 de febrero de 2026El día amaneció perezoso, con un manto de nubes que amenazaba con quedarse todo el día, pero que después del viento, lluvia y nieve de días pasados resultaba una bendición.
Por Sabero pasamos con frecuencia camino de las montañas más lejanas, sin mirar a este valle que guarda ocultos rincones donde hace más de dos mil años los Vanidienses decidieron que era el lugar perfecto para asentar su campamento (Castro de Vegaquemada o de los Vallinos) y donde muchos años más tarde, en el siglo X, un señor feudal decidiera levantar su castillo en un promontorio fácilmente defendible (Castillo de Aquilare - lugar donde habitan las águilas).
Hoy la "Ruta de los Miradores de Aquilare" busca (sin conseguirlo) revitalizar una zona desmantelada por las explotaciones mineras y abandonada después de utilizarla.
Un recorrido sencillo, con gran atractivo y con el aliciente de sus miradores, que a vista de águila ofrecen un espectáculo visual al valle y montañas vecinas.
Las nubes, que decidieron quedarse con nosotros, velaron gran parte del paisaje, pero aún así, la ruta resulta de lo más variado, entre bosques jóvenes de robles que van colonizando el terreno devastado en otro tiempo por las minas, aparte de los estupendos rodales de encinas tachonados por las laderas soleadas y un ambiente cálido que derrite la nieve y hace que sintamos que la primavera ya esta próxima.
Barrio de Colominas, al sur de Sabero y al otro lado de la carretera, inicio de la Ruta del los Miradores de Aquilare.
Camino en ascenso.
Por medio de un robledal.
Que deja ventanas hacia el valle y las cimas de Ocejo de la Peña (Los Moros, Pico Roscas y Pico Cerroso)
Fuente a los pies de un bonito hayedo que espera los primeros rayos de sol que despierte el bosque.
El camino busca un nuevo rumbo, hacia las alturas de Vegamediana.
El grupo de Los Moros con mayor detalle.
En el Alto de Vegamediana.
Donde tenemos el primer mirador: Mirador del Castro.
El valle surcado por el Esla y donde se asienta Santa Olaja de la Varga.
Mirando hacia Sabero y La Camperona.
Y hacia el grupo de montañas donde se encuentra el Mirador de los Rejos.
Dejamos atrás la meseta de Vegamidiana, el lugar donde buscaron protección el pueblo Vadiniense.
Guapos ejemplares de encinas.
Poco trayecto hasta el siguiente mirador: Mirador de Vegamediana.
A los pies del mirador los restos de unos hornos de cok (combustible sólido que se obtiene al someter al carbón a muy altas temperaturas sin que exista contacto con el aire).
Valle de Santa Olaja de la Varga.
Guapo, guapo este encinar de árboles dispersos.
Llegando al tercer mirador.
Mirador de Vegabarrio.
Ya con vistas a Cistierna.
Otra zona guapa entre potentes ejemplares de encina.
En este tramo el sendero desciende para volver a subir hacia el cuarto mirador que ya vemos al fondo.
En primer plano un montículo de estériles y tras él, el risco donde se asienta el Castillo de Aquilare.
Mirador de los Rejos.
Cistierna.
Al fondo el collado desde donde ascenderemos al Castillo de Aquilare.
El ´cuarto mirador: Mirador del Retorno.
Las antiguas instalaciones mineras se complementan con unas pasarelas para dar espacio al Mirador de Retorno.
El lugar donde las vagonetas que movían el carbón volvían.
Las antiguas instalaciones se conservan con solidez. En cambio la valla protectora ya está algo desprendida del suelo y se menea.
La montaña de desechos y balsas artificiales cuya agua se utilizaba para lavar el carbón.
Hacia La Camperona.
Panorámica.
El promontorio rocoso del Castillo de Aquilare resulta por este lado infranqueable.
Paredones del promontorio del Castillo de Aquilare.
Restos de la muralla del castillo.
Aljibe donde recogían el agua de lluvia tan necesario para dotar de agua al castillo.
El quinto y último mirador: el Castillo de Aquilares, un nido de águilas.
Hacia Cistierna.
Hacia Santa Olaja de la Varga.
Hacia el este, el Valle de Valdetorno con la Peña Perico en lo más alto.
Una cima que ascendimos hace un par de años viniendo de la Ferrata de Sabero y pasando también por el Castillo de Aquilare (ver reportaje). Durante el descenso, se aprecia el promontorio amesetado donde los Vanidienses establecieron un castro (por el pasamos hace unos diez años buscando los pocos restos que aún se encuentran -ver reportaje-). Vista atrás.
Desde el collado de la base del castillo el sendero remonta por la izquierda.
Nosotros lo abandonamos, preferimos descender al fondo y pasar por el Prado de Fuego.
Prado de Fuego.
A punto de finalizar el camino.
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